También durante la década del 50, las maderas, pieles, carne, pescado salado, barbasco, productos hortícolas y animales de corral, se intercambiaban regularmente en los puertos de los ríos Pastaza, Huasaga y Huitoyacu. El intercambio comercial de estos productos se vio desplazado por el aumento en la demanda de madera durante la década de los años 70, y de petróleo en la década de los 80. Los Achuar en aquellos años gozaban de una relativa prosperidad económica que pagaba el precio de explotación de su mano de obra, pero la depredación de los recursos forestales, de pesca y caza, y la introducción de enfermedades epidémicas o endémicas, atribuidas en un principio a la brujería de los enemigos, motivó el surgimiento de numerosas disputas interétnicas. A mediados de los años 80, veinte nuevas comunidades nativas se asentaron en los alrededores de los ríos Pastaza, Huasaga, Huitoyacu, Manchari, Situche y Anasu, produciéndose un fenómeno de nucleación provocado por la posibilidad de acceder a los servicios educativos, de salud, a los mecanismos legales de titulación de tierras, a la concesión forestal, al registro civil y a la entrega de documentos de identidad.